Dos copas vacías. Tan solo eso quedo después de aquel momento, aquél mágico momento en donde ellos tomados de las manos se miraban y tan solo querian no tener que separarse, y que en la eternidad de ese instante solo existieran sus realidades, tan parecidas. El, despeinado hombre de ojos verdes y tez pálida se regocijaba en ese instante por haber hecho un hallazgo tan grande, que ni siquiera el hubiese creído de no ser por que la observaba y le tomaba su mano, esa calida mano de uñas pintadas de negro, que transmitía una energía que el podía sentir a través de su cuerpo, de su alma. Ella era su alma gemela, tenia pelo castaño y ojos café, ojos tristes como el los tenia, quizás por una vida agotadora, o por un efecto genético. El punto era que para llegar a ese instante tuvieron que hablar un par de horas, pero no era tan necesario, estaban hechos para entenderse, el no tenia que fingir con ella, podía ser el en todo momento y no tenia miedo, ningún miedo, por que ella le daba la seguridad necesaria para hablar de lo que fuera.
Como podría el haber conocido semejante persona, en 17 años de su vida no había encontrado a alguien igual, de esas características, fuerte de carácter, determinada, que no le importara lo que los demás pensaran, y que escuchaba Judas Priest, y podía ir a ver a Cannibal Corpse y no le importaba que fuera la única mujer en el concierto, ¿Qué importaba? Yo les diré, nada importaba. En esa tarde de viernes ambos encontraron a un igual, alguien que cumplía las expectativas del otro y por el solo hecho de cumplir esas expectativas, la prueba estaba pasada, no necesitaban seguir, solo existir, vivir. Y la encontró, por la insistencia de su mejor amiga, y por que el a pesar de su resfrío no aplacó sus deseos por verla y conocerla, nunca espero que ella fuese tal y cual la describían. Para el ella era perfecta y no necesitaba a ninguna otra mujer escuchándolo y hablándole, nunca nadie más importó durante esa tarde, nada ni nadie podrían arruinar ese momento, y nada lo hizo.
El tenía por nombre Dedalo, y ella se llamaba Selena, tan solo Selena. Así en ese ajetreado mundo el trato de separarse de ella por que ambos tenían en cuenta que ese momento debía terminar, el le dio un beso en su cara y un calido abrazo que ambos disfrutaron, por que parecían no conocerse de algunas horas si no que de toda la vida, ya que era como verse a un espejo, el le tomo la mano se la besó, ella le correspondió. Y se despiden quedando de verse otro viernes. El ya no pudo sacársela de la cabeza.
y morir
Hace 15 años
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